
En los sitios de playa, lugares cuyo principal atractivo consiste en la sudoración extrema al borde del agua fría, que el día se levante nublado supone una especie de penitencia que invita al embotamiento intelectual posible sólo durante las primeras horas.
Después, toda actividad queda reducida al más profundo conocimiento del techo, de su equilibrio, su resguardo. En la visión de su tersura asentimos ante las faltas cometidas y a la espera de que salga el sol, tratamos de redimirlas.
La espera.
A esta la conozco bien, habla con frecuencia de las cosas pequeñas, de los grandes pensamientos que se fraguan en tinieblas.
Las nubes viajan deprisa desde el cielo hasta la sábana.
Imagino al sol radiante descansando por ecima de todas las torpezas.
En mi sitio le hablo quedo, le ruego que no se arrepienta:
Asómate pronto mi joya, Rey de toda la belleza.
Después, toda actividad queda reducida al más profundo conocimiento del techo, de su equilibrio, su resguardo. En la visión de su tersura asentimos ante las faltas cometidas y a la espera de que salga el sol, tratamos de redimirlas.
La espera.
A esta la conozco bien, habla con frecuencia de las cosas pequeñas, de los grandes pensamientos que se fraguan en tinieblas.
Las nubes viajan deprisa desde el cielo hasta la sábana.
Imagino al sol radiante descansando por ecima de todas las torpezas.
En mi sitio le hablo quedo, le ruego que no se arrepienta:
Asómate pronto mi joya, Rey de toda la belleza.
